Powered By Blogger

sábado, 18 de febrero de 2012

Capítulo 2: Callao

Llevaba su camisa blanca, aquella que yo le regalé por sus 25 añitos y sus vaqueros por la cintura. Llevaba unas zapatillas blancas. Supongo que serían nuevas porque estaban muy limpias y conociendo a Ismael eso quiere decir que hace poco que las estrenó. Llevaba una rosa roja en la mano, supongo que para alguien especial. De repente se giró y su mirada se quedó clavada en mí durante unos segundos y poco a poco se le formó una sonrisa, aquella que tantas veces había visto y que siempre llevé grabada en mi mente. Parecía que me estaba inspeccionando de arriba a abajo, no paraba de recorrer con su mirada mi cuerpo y eso hizo que un escalofrío recorriera toda mi espalda.Comenzó a avanzar hacia mí y aunque habían pasado dos años desde la última vez que nos vimos, mis piernas volvieron a temblar, volvió a latirme el corazón a mil por hora y mi sangre se convirtió en cemento, un cemento seco que me impedía moverme. Todo mi cuerpo se volvió loco, mis ojos no paraban de mirarle fijamente y hasta mi cerebro se revolucionó al ver que la distancia que nos separaba cada vez era menor.En pocos minutos estuvo a menos de veinte centímetros de mí. Intenté que no se me notaran mucho las ganas de besarle, de decirle cuanto le había echado de menos, pero no pude tenía la garganta tan seca que hasta respirar me hacía daño. Noté como poco a poco e involuntariamente una sonrisa aparecía en mi rostro. Pese a todo el tiempo pasado nos seguíamos comunicando con la mirada, veía como sus ojos se empapaban de lágrimas al igual que los míos y supongo que para no montar una escenita dramática en mitad de Callao, nos fundimos en un abrazo lleno de sentimientos de amor, de rencor, de añoranza, de pasión,de orgullo...Nos separamos de nuevo después de un largo minuto en el que había sentido toda la felicidad que no había tenido en este eterno año sin él. Por fin logré articular palabra.
-¡ Madre mía no me puedo creer que estés en Madrid !
-Sí ya ves...lo que es la vida- dijo mientras miraba la rosa de su mano- Estas más guapa de lo que recordaba- al oír esas palabras mi corazón se aceleró y no pude contener mi sonrisa que de nuevo decoró mi rostro.
-Tú nos has cambiado nada, estás igual que como te recordaba- aunque he de decir que mi memoria no era tan buena y no le recordaba tan irresistible. Él me respondió con una sonrisa.
No hacían falta palabras para comunicarnos, sentía que esa electricidad entre nosotros no se había ido. De nuevo noté como aparecieron las mariposas y me sorprendía que se hubieran retrasado tanto ya que mi cuerpo reaccionó al instante de verle.
De repente a su lado apareció una chica. Era alta, tenía el pelo ondulado y castaño, tenía unos ojos verdes muy intensos. Llevaba unos pantalones cortos y una camiseta que dejaba ver los tirantes de su sujetador. Unas pocas pecas decoraban sus mejillas rosadas. Tenía el ceño fruncido y me miraba fijamente. No había notado su presencia hasta que le cogió la mano a Isma. Parecía que él tampoco se había dado cuenta ya que se sobresaltó cuando le cogió la mano.
-Em...mira- se le notaba nervioso, le conozco muy bien- Esta es Diana- dijo mientras la señalaba con la mano libre- Diana esta es Nuria.
A la tal Diana se le abrieron los ojos como platos al oír mi nombre, me miró fijamente e inspeccionó mi cuerpo de arriba a abajo. Me estaba poniendo realmente nerviosa.
-Vaya, la famosa Nuria- dijo en tono sarcástico- Me han hablado mucho de tí- miré a Isma, feliz de comprobar que al menos él también me había echado de menos.
-Espero que bien...- le estreché la mano, la verdad pensaba darla dos besos pero ella no estaba por la labor asique pense que un buen apretón de manos me ayudaría a salir del paso.
-Bueno cielo, qué ¿nos vamos ya?- dijo rodeando por la cintura a Isma. En ese momento solo quería salir de allí, ver a Isma con ella me mataba por dentro y no sabía si iba a aguantar mucho más conteniendo las lágrimas.


No hay comentarios:

Publicar un comentario